El recuerdo del Holocausto es un regalo para la propaganda israelí

Gideon Levy
Haaretz

Los peces gordos de Israel atacaron al amanecer en un amplio frente. El presidente en Alemania, el Primer Ministro con un séquito gigante en Polonia, el ministro de Exteriores en Hungría, su viceministro en Eslovaquia, el ministro de Cultura en Francia, el ministro de Información en las Naciones Unidas e incluso Ayoob Kara, diputado del Likud en la Knesset y miembro de la comunidad drusa, en Italia. Todos ellos estuvieron por ahí fuera para hacer floridos discursos sobre el Holocausto.

El miércoles fue el Día Internacional en Recuerdo del Holocausto, y un dispositivo israelí de relaciones públicas se desplegó como no se ha visto en años. El cronometraje del inusual esfuerzo –nunca hubo tantos ministros desplegados por el globo– no es casual: Cuando el mundo dice Goldstone, nosotros decimos Holocausto, como si tratáramos de desdibujar la impronta. Cuando el mundo dice ocupación, nosotros decimos Irán, como si quisiéramos que se olvidaran.

No va a ayudar mucho. El Día Internacional en Recuerdo del Holocausto ha pasado, los discursos pronto se olvidarán y la deprimente realidad de cada día permanecerá. Israel no va emerger pareciendo bueno, ni siquiera tras la campaña de relaciones públicas.

En la víspera de su partida, el Primer Ministro, Benjamín Netanyahu habló en el Yad Vashem. "Hay mal en el mundo," dijo. "El mal se debe arrancar de raíz al principio". Alguna gente está "tratando de negar la verdad." Excelsas palabras, dichas por la misma persona que sólo un día antes, no necesariamente en el mismo tono, pronuncio palabras muy diferentes, palabras de verdadero mal, mal que debería erradicarse desde el principio, mal que Israel está tratando de ocultar.

Netanyahu habló de una nueva “política de migración”, que es mala hasta los tuétanos. Malévolamente, pone juntos trabajadores inmigrantes y refugiados miserables –señalando que todos ellos ponen en peligro a Israel, bajan nuestros salarios, dañan nuestra seguridad, nos van a convertir en un país tercermundista y traen drogas. Apoya fervorosamente a nuestro racista ministro del Interior, Eli Yishai, quien ha hablado de los migrantes como propagadores de enfermedades como la hepatitis, la tuberculosis, el sida y Dios sabe qué más.

Ningún discurso del Holocausto borrará esas palabras de incitación y denigración contra los migrantes. Ningún discurso de recuerdo eliminará de raíz la xenofobia que ha fomentado su jefe en Israel, no sólo en la extrema derecha, sino en Europa y en todo el gobierno.

Tenemos un Primer Ministro que habla del mal pero que está construyendo una verja para impedir que los refugiados de guerra llamen a las puertas de Israel. Un Primer Ministro que habla del mal pero que comparte el crimen del bloqueo de Gaza, ahora en su cuarto año, dejando a 1,5 millones de personas en ignominiosas condiciones. Un Primer Ministro en cuyo país los colonos perpetran pogromos contra palestinos inocentes bajo el lema "etiqueta de precio," que también tiene horrorosas connotaciones históricas, pero contra los que el Estado no hace virtualmente nada.

Éste es el Primer Ministro de un Estado que arresta a cientos de manifestantes de izquierda que protestan contra las injusticias de la ocupación y de la Guerra en Gaza, mientras otorga perdones masivos a los derechistas que se manifestaron contra la desconexión. En su discurso de ayer, la equiparación de Netanyahu de la Alemania nazi con el fundamentalista Irán no fue más que propaganda barata. Hablar de "degradar el Holocausto." Irán no es Alemania, Ahmedinejad no es Hitler y equipararlos no es menos falaz que igualar a los soldados israelíes con los nazis.

El Holocausto no se debe olvidar y no hay necesidad de compararlo con nada. Israel debe participar en los esfuerzos por mantener su recuerdo vivo, pero al hacerlo debe mostrarse con las manos limpias, limpias del mal de sus propios hechos. Y ello no debe levantar sospechas de que está usando cinícamente la memoria del Holocausto para obliterar y desdibujar otras cosas. Lamentablemente, no es el caso.

Qué hermoso habría sido si en este Día Internacional de recuerdo, Israel se hubiera tomado el tiempo de examinarse a sí mismo, mirar hacia dentro y preguntarse, por ejemplo, cómo es que el antisemitismo ha asomado la cabeza en el mundo precisamente el año pasado, el año después de que nosotros arrojáramos bombas de fósforo blanco sobre Gaza. Qué hermoso habría sido si en este Día Internacional en recuerdo del Holocausto, Netanyahu hubiera declarado una nueva política para integrar a los refugiados en vez de la expulsión, o que hubiera levantado el bloqueo de Gaza.

Un millar de discursos contra el antisemitismo no van a extinguir las llamas encendidas por la Operación Plomo Fundido que amenazan no sólo a Israel sino a todo el mundo judío. Mientras Gaza esté bajo bloqueo e Israel se hunda en su xenofobia institucionalizada, los discursos del Holocausto permanecerán vacíos. Mientras el mal esté incontrolado aquí, en casa, tampoco el mundo va a ser capaz de aceptar nuestros sermones a otros, incluso si se los merecen.

Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1145670.html